El Ritual de la Muerte en la Antígua Roma.

La muerte, siempre ha tenido una parcela importante en cualquiera de las culturas actuales o pasadas que forman o han formado las sociedades del planeta a lo largo de toda la historia. Desde la prehistoria, y hasta la actualidad, y además muy ligado a la religiosidad de cada cultura, la muerte precisa de un elaborado ritual funerario cuyo motivo es, hacer que el difunto adquiera la vida eterna en paz y armonía.

En este artículo vamos a conocer el ritual funerario llevado a cabo por las sociedades romanas de la antigüedad, un ritual laborioso que perduraba durante varios días y requería de un procedimiento minucioso si se quería que el difunto descansase el resto de la eternidad, algo importante e innato en las creencias de las sociedades, que incluso hizo que se llegasen a crear legislaciones para ello, legislaciones que han dado lugar a las leyes relacionadas con la muerte que tenemos hoy día.

Los ritos funerarios en la antigua Roma, fueron evolucionando a lo largo de los siglos, al principio, antes de la república, no existía una costumbre generalizada en cuanto a los modos de inhumación, pero a medida que Roma adquiere la república y va conquistando territorios, y en consecuencia, adoptando costumbres de otras sociedades, comienza una legislación de culto a la muerte, una legislación que fue el fruto de la mezcla de las culturas etrusca y griega entre otras influencias, hasta generar un ritual que caracterizaría a la cultura romana.

En un principio, los etruscos, enterraban a sus muertos en necrópolis subterráneas, hay que aclarar para aquel que no lo sepa que, una necrópolis, es el nombre que se le da a lugares de enterramientos precristianos.

Una vez que Roma conquista Grecia y adopta su panteón de dioses, comienzan a relacionar la muerte con la religión, debido a su mitología, esto hizo que los funerales romanos fueran más llamativos y lujosos.

Con la ascensión del cristianismo, cerca del final del imperio romano. Se volvió al enterramiento discreto, solo que, en lugar de ser en necrópolis, comienza a realizarse en los cementerios.

Todo esto dependería de varios factores, por ejemplo, cuando moría un miembro de cualquier legión romana en un terreno recién conquistado, el método empleado era la cremación del cadáver, ya que los recién conquistados, los cuales odiaban a Roma por la invasión, solían desenterrar el cadáver del soldado y vejarlo, así, que se decidió la incineración de los mismos.

Al final, esta costumbre se extendió incluso a los miembros más altos de la política, ya que, para evitar que sus cadáveres fueran vejados por sus opositores políticos, comenzaron a incinerarse también los miembros de la élite local.

Aun así, no existió una única costumbre de enterramiento, sino que, a lo largo de todo el imperio, se llevaron a cabo distintas formas de inhumación de cadáveres, las cuales dependería de las influencias exteriores, de la economía que poseyera las ciudades, e incluso del estatus social del fallecido. Por esta razón, las tumbas romanas van desde simples catacumbas, hasta ostentosos palacios o mausoleos.

Un dato interesante de las tumbas romanas, tanto de ricos como de pobres es, que no solo en las estelas (que son las lápidas de hoy en día) encontramos en bajorrelieves alusiones a la mitología romana, es decir, simbología religiosa, sino que, también encontramos un breve resumen de la vida que llevó a cabo el fallecido, por ello, los arqueólogos obtienen una gran información del difunto solo con estudiar la tumba. De hecho, gracias a ellas, y a la información que estas ofrecen, se ha podido reconstruir la vida de colectivos romanos como eran los esclavos o las mujeres.

Una vez que conocemos los distintos métodos de enterramiento, vamos a conocer cómo era el ritual establecido para la inhumación del cadáver. Un ritual que había que llevar con minuciosidad ya que, si no se llevaba a cabo correctamente, existía la creencia de que el espíritu del fallecido vagaría atormentado la eternidad y podría incomodar a los familiares durante el resto de sus vidas. Tal y como hoy se cree en las sociedades actuales.

Lo primero que se hacía era lavar el cuerpo con agua caliente, para posteriormente ungirlo con aceites aromáticos. Una vez limpiado el cuerpo, y dependiendo del estatus social del fallecido, se procedía a crear o no la máscara mortuoria a base de ceras de abejas, para intentar reproducir lo más fielmente posible el rostro del fallecido.

Una vez finalizada esta primera fase, el fallecido era colocado en una pila funeraria y se le colocaba una moneda, bien en los ojos o bien en la boca, para que pudiese pagar a Caronte su viaje hasta el inframundo. Muchas veces, se abrían los ojos del fallecido para que este viese por última vez la luz. A veces, el cuerpo era llevado en procesión, desde su casa, hasta el lugar de incineración, además, el difunto, era acompañado por familiares y amigos, vestidos de blanco, ya que este era el color del luto en la antigua Roma. También solían acompañarle plañideras, mujeres que eran contratadas por la familia del fallecido para que le llorasen durante la celebración. También, en la procesión, solían acompañarle músicos amenizando el recorrido.

Posteriormente el cuerpo se incineraba, pero a partir del siglo I comienza la inhumación de cadáveres, es decir, el enterramiento, con idea de que el cuerpo se quedara en la tierra y su alma se marchara con Dios. Ambos métodos se realizaban de noche y en las afueras de las ciudades.

En el caso de los fallecidos de las clases bajas, se enterraban en fosas comunes, y aunque el ritual funerario era menos ostentoso, seguía igualmente un patrón ceremonial.

Tras el enterramiento o la incineración, se daba paso a la celebración de despido del fallecido, celebración que podía durar hasta nueve días. La celebración comenzaba con un gran banquete en honor del fallecido, siendo el vino el protagonista. Esta misma celebración se llevaba a cabo en los aniversarios de la muerte del difunto, ofreciéndose grandes banquetes conmemorativos en la propia tumba del recordado.,. Esta ceremonia, además, estaba presidida por la máscara mortuoria o por estatuas del fallecido, haciendo que él, en cierto modo, también esté presente en una celebración que es en su honor.

Como he comentado antes, los epitafios de las tumbas romanas ofrecen una gran cantidad de información que ha servido para el estudio de las sociedades romanas de la antigüedad. En estas lápidas, se ponía el nombre completo del fallecido, la fecha de su nacimiento, y los logros conseguidos a lo largo de su vida. Además, también solían poner las iniciales S.T.T.L., que significa “sit tibi terra levis”, cuyo significado es “Que la tierra te sea leve”.

Sigue el blog, me ayudas a seguir creando contenido. Gracias.

Deja un comentario

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar