Carne Humana, el exquisito plato de un antropófago.

La antropofagia o canibalismo es la práctica habitual mediante la cual cualquier ser vivo consume carne de un individuo de su misma especie para alimentarse, esto es algo normal en numerosas especies de nuestro planeta, incluso lo fue en nuestra propia especie, pero la aculturación occidental cristiana consideró que practicar el canibalismo no solo era inmoral, sino que está pecado por la religión.

Esta es la causa principal de que hayamos dejado de alimentarnos de nuestros semejantes, al igual que la antropofagia fue uno de los motivos por la que nuestra especie sobrevivió y evolucionó hasta hoy día.

Sin embargo, hoy, numerosas culturas siguen practicando el canibalismo en distintas partes del mundo. En este artículo aprenderemos cómo se llevaba a cabo la antropofagia en el pasado y qué culturas la sigue practicando.

El canibalismo en la Prehistoria.

Es un error afirmar que nuestra especie (homo sapiens sapiens) es la evolución de una única especie, pues en el árbol genealógico del género homo fueron muchas las especies que evolucionaron, de hecho, muchas estaban incluso más evolucionadas que nosotros, y tenían todas las papeletas para que fueran ellos los dominantes de la tierra.

Sin embargo, se dieron un conjunto de circunstancias que permitieron que fuéramos nosotros los que acabaríamos estando en la cima de la cadena alimenticia, y que el resto de homos se extinguieran. De hecho, cuando observamos el dibujo de la evolución humana (más abajo), tendemos a creer que cada individuo que aparece en la fotografía es un antepasado nuestro, pero nada más lejos de la realidad.

Cada individuo representa una especie distinta, y el hecho de que el homo sapiens sapiens (nosotros) esté liderando esa fila india quiere decir que somos los que hemos llegado al final, con lo cual, existe un error de interpretación de la representación.

Como he mencionado antes, fueron muchas las causas que sucedieron para que nuestra especie fuese la que llegase «al final» de la evolución, y entre ellas estuvo el consumo de carne.

Cuando pasamos de herbívoros a omnívoros, introduciendo la carne y el tuétano a nuestra dieta, milagrosamente nuestro cerebro comenzó a aumentar de tamaño, pasando del tamaño de una nuez, al que tenemos hoy en día.

Con el desarrollo del cerebro, evolucionó la capacidad de desarrollar respuestas al entorno, es decir, desarrollar respuestas a las preguntas que planteaba nuestro hábitat y crear soluciones a los problemas diarios que se planteaba nuestro antepasado en su supervivencia diaria. Pero lo más importante fue el desarrollo del razonamiento, esto fue lo que nos permitió evolucionar y que nuestros primos hermanos (otras especies) se extinguieran.

Y como no, la carne de nuestros semejantes fue uno de los nutrientes que permitieron nuestra supervivencia, sobre todo en época de escasez de alimentos, pues, al fin y al cabo, era un desperdicio que nuestro semejante se pudriera tras morir cuando su carne servia para que otro sobreviviera.

El canibalismo en el Mundo Antiguo.

En el Antiguo Egipto, así como en Roma o Grecia, el canibalismo formaba parte de sus culturas, este hecho incluso estaría ligado a sus religiones, así como nos muestra la leyenda de Cronos, del panteón griego, a quien se le había profetizado que perdería su poder cuando alguno de sus hijos alcanzara a ser el Dios de los dioses (Zeus), por ello, Cronos iba devorando cada uno de los hijos que iba engendrando.

El canibalismo en la América precolombina.

Cuando Colón llegó a América describió el nuevo continente como el Edén que Dios promete en las Santas Escrituras. Los habitantes de aquellas tierras, eran según Colón, criaturas puras y limpias, que iban desnudas, y que además eran incapaces de reconocer el bien y el mal, como cualquier recién nacido, por lo que la principal misión era evangelizarlos (hacerlos humanos).

Una de las prácticas culturales de los precolombinos era el canibalismo, por ello rápidamente desde Castilla se enviaron numerosos intermediarios entre Dios y el hombre (curas, misioneros, monjas…) para que los nuevos españoles vivieran acorde al reino de Dios.

El canibalismo de hoy.

Puede sorprenderte, pero hoy día hay tribus que siguen practicando la antropofagia, un ejemplo de ello son los Korowai, de Papúa Nueva Guinea.

Estos indígenas viven totalmente apartados de toda civilización, es como si hubiese pervivido un área geográfica de la Tierra en la Prehistoria, la cual parece ser eterna.

Esta civilización, de apenas unos trescientos integrantes, viven en la cuenca del río Bazza. Hasta 1970 vivían totalmente aislados, pero desde entonces permiten recibir ayuda humanitaria.

Este poblado suele practicar el exocanibalismo, es decir, capturan, cocinan e ingieren a toda persona que odien, hasta el punto que dentro de sus leyes, el ser devorado, es una especie de sentencia.

Hasta que se abrieron a la ayuda humanitaria, numerosos exploradores, aventureros o turistas, que paseaban por la zona, desaparecían, y jamás se volvía a saber de ellos, siendo el argumento del canibalismo el más empleado para dar una explicación a las desapariciones.

De hecho, hoy día, las numerosas rutas turísticas diseñadas por las grandes empresas de turismo no suelen incluir la visita a este poblado en sus rutas, por el simple hecho de no ser segura, ya que el jefe de la tribu únicamente permite la entrada a sus dominios a la ayuda humanitaria que reciben.

De hecho, en 2016 saltó una noticia de dos turistas que fueron apresados por integrantes de esta tribu mientras se separaron de su grupo para hacer senderismo por su cuenta. Al final pudieron ser encontrados y rescatados por una patrulla de helicópteros, pero no pudieron evitar que le amputaran un par de dedos que se supone utilizarían para comérselos.

En definitiva, el canibalismo ha sido practicado por todos los seres omnívoros o carnivoros que habitan en el planeta, incluido nosotros, pues no olvidemos que formamos parte de la fauna de la Tierra, pero que sin embargo, el proceso de aculturación de algunas religiones (sobre todo monoteistas) se encargó de condenar y maldecir esta práctica.

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