Culturalmente la Semana Santa es una de las festividades más importantes del planeta, debido al enorme número de seguidores y fieles que ostenta el cristianismo ya que es la religión más extendida del mundo. Hablamos de 2.100 millones de adeptos, lo que supone casi un tercio de la población del planeta.
La Semana Santa en la cultura.
Esta tradición cultural supone la celebración de la Pasión de Cristo, es decir, desde su entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos), hasta su resurrección (Domingo de Resurrección), pasando por la última cena, su vía crucis y su muerte.
Según el país donde nos situemos, habrá distintas formas de celebrar la Semana Santa. En Filipinas por ejemplo escenifican la crucifixión de Cristo, pero no se trata de una mera dramatización, sino que sienten el mismo dolor que Jesús sufrió en la cruz, con lo cual ya sabes a qué me refiero.
En Brasil escenifican con actores las distintas escenas bíblicas relacionadas con la vida de Jesús.
Una de las formas de celebrarla en España, es a través de las famosas procesiones de Semana Santa, las cuales consiguen atraer a numerosos turistas procedentes de todos los rincones del planeta, consiguiendo convertir una festividad religiosa en un auténtico negocio.
Pero, ¿Las procesiones son realmente un invento cultural católico?
Pues no, para explicarlo tendríamos que retroceder más de 4.000 años en el tiempo de la historia del hombre. ¿Su procedencia? El Antiguo Egipto.
Las primeras manifestaciones culturales y religiosas, en cuanto a procesiones se refiere, parecen comenzar durante la Dinastía VII (2173 a.C. – 2160 a.C.) . Los Decretos de Coptos y posteriormente Herodoto, describen las festividades con procesiones de imágenes divinizadas de los dioses que formaban el panteón egipcio.
Herodoto nos lo describe así:
» A la caída de la tarde, mientras que unos pocos sacerdotes, alrededor de la imagen, se quedan a su cuidado, la mayoría de ellos, provistos de mazas de madera, se apostan a la entrada del santuario; y, por su parte, otros creyentes, en número superior al millar, que cumplen con ellos unos votos a la divinidad, se apiñan en la parte opuesta del santuario, provistos también cada uno de ellos de una estaca. Pues bien, los escasos sacerdotes que se habían quedado al cuidado de la imagen arrastran una carreta de cuatro ruedas que lleva la capilla y la imagen que hay en su interior; entonces los sacerdotes que hay apostados en los pilonos no les dejan entrar, pero los cofrades acuden en socorro del dios y golpean a los sacerdotes, que repelen la agresión. Se organiza entonces una enconada pelea a garrotazos, se rompen unos a otros la cabeza y muchos hasta deben morir a consecuencia de sus heridas, si bien los egipcios me aseguraron que no moría nadie”
Pero las imágenes sacadas en procesión realmente no eran de dioses, o sí, depende cómo lo observemos. La religión egipcia estaba basada en el culto al faraón, el cual está estrechamente relacionado con algún dios de su panteón, es por ello que los faraones son descendientes directos de los dioses, y por ello son divinizados. Las imágenes paseadas por el imperio no eran otras que la de faraones divinizados tras la muerte mediante un complejo y sagrado ritual.
La Semana Santa en el Antiguo Egipto
A diferencia de nuestra Semana Santa, esta festividad no se celebraba durante una semana al año en el Egipto faraónico, sino que se realizaban distintas festividades a distintos dioses en diferentes meses del año. Algunos ejemplos son:
- Festividad de Opet, celebraba el nacimiento de Osiris, dios de la agricultura. Celebrado durante 27 días del segundo mes del calendario egipcio.
- La fiesta del dios Min (protector de los comerciantes y dios de la lluvia).
¿Cómo ha podido llegar esta traidición cultural a un país tan alejado física y cronológicamente como España?
Pues como toda tradición: la influencia cultural.
En el año 31 a.C. Roma conquista Egipto y provocando su posterior caída, el fin de las eras faraónicas. La cultura romana pocas cosas inventó, el sistema usado por el poderoso imperio para la creación de su inmortal cultura no fue otro que el de la adopción y transformación de distintas manifestaciones culturales de aquellos territorios que conquistaban (un ejemplo es el panteón de dioses romanos, copiado del griego, pero con los nombres totalmente distintos, adoptando en los topónimos las raíces latinas del momento).
El desembarco de Ampurias (28 a.C.), en Cataluña, supone el comienzo de la invasión romana en España, y con ello la transformación de nuestra cultura. El proceso de inculturación de nuestro país fue el momento clave en el que comenzaron las primeras procesiones de imágenes divinizadas, que al igual que en Egipto, y como podemos observar en las estatuas de los emperadores romanos que han llegado hasta nuestros días, el César aparece divinizado, como un dios, así que las primeras procesiones españolas fueron de los gobernantes tras la muerte de los mismos, al igual que en el Antiguo Egipto.
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